A veces pasa, y no es algo agradable, que tienes la sensación de dejar pasar oportunidades por tu vera. Normalmente es algo gracioso. No te enteras de que ella estaba allí hasta que la ves marchar. Enseñandote ese trasero suyo, bamboleante diciendo adios.
Y entonces cuando quieres echar a correr detras de ella, ella ya ha llegado a ese punto de no retorno, donde no importa lo que hagas, que no volverá a pasar por tu lado.
Una canción: La margarita dijo no (Alejandro Sanz)
jueves, junio 24, 2004
miércoles, junio 23, 2004
Tu me abandonaras
Tú me abandonarás en primavera,
cuando sangre la dicha en los granados
y el secadero, de ojos asombrados,
presienta la cosecha venidera.
Creerá el olivo de la carretera
ya en su ramo los frutos verdeados.
Verterá por maizales y sembrados
el milagro su alegre revolera.
Tú me abandonarás. Y tan labriega
clareará la tarde en el ejido,
que pensaré: "Es el día lo que llega"
Tú me abandonarás sin hacer ruido,
mientras mi corazón salpica y juega
sin darse cuenta de que te has ido.
(Antonio Gala)
Una canción: Tu me abandonaras (Clara Montes)
cuando sangre la dicha en los granados
y el secadero, de ojos asombrados,
presienta la cosecha venidera.
Creerá el olivo de la carretera
ya en su ramo los frutos verdeados.
Verterá por maizales y sembrados
el milagro su alegre revolera.
Tú me abandonarás. Y tan labriega
clareará la tarde en el ejido,
que pensaré: "Es el día lo que llega"
Tú me abandonarás sin hacer ruido,
mientras mi corazón salpica y juega
sin darse cuenta de que te has ido.
(Antonio Gala)
Una canción: Tu me abandonaras (Clara Montes)
lunes, junio 21, 2004
Lunes, día 4
Querido Blog.
Te escribo esta postal desde el instituto donde estoy en el curso, más de la mitad de las horas del día entre clases, descanso, idas y venidas. Las clases son bastante peñazo. Como ocurre con casi todas las cosas que son divertidas cuando las teorizas pierden el encanto y se convierten en algo insufrible. Imagino que el hecho de llevar tanto tiempo sin estar en clase influirá bastante.
Es una pena el calor que hace, y que sean clases con poca ventilación, enseguida empiezo a sudar y si le unimos que nos movemos mucho entre las clases prácticas y las pachanguitas de los recreos, uno cuando llega las seis ha sido abandonado por el desodorante, por Rita la cantaora, y por una mosca que pasaba por allí.
A mis compañeros, en su mayoría jugadores aún en edad junior, muchos con granos todavía, algunos que no saben que Charly (Sainz de Aja) es campeón del mundo, algunos que buscan parejita, y otras como la profesora de Ciencias del Comportamiento (a.k.a. Psicología o Ciencias del Coñazo) a enseñarnos las bragas de colores.
Querido blog, me aburro soberanamente, las horas pasan lentamente, y si no fuera por el buen rollo estaría a punto de saltar por la ventana. Al menos, me doy cuenta de que se más baloncesto del que pensaba, que algunos problemas que tuve con mis chicos durante el año los solucione de la forma correcta, y que en otros me equivoque, pero espero que no se vuelvan a repetir.
Hace un momento entre huesos y musculos, (sabías querido blog, que el músculo más largo del cuerpo es el gluteo) me encontré una vez más con el balón en las manos, mirando el reloj y ahí quedaban otra vez esos tres segundos. Bote. Dí un paso y tiré.
Esa sensación, el tacto del balón, el equipo... todo eso que hace divertido y excitante el baloncesto, no hace falta teorizarlo, aunque como decía Cruz y Raya, si hay que hacerlo se hace, pero hacerlo pa´ na....
Querido blog, te dejo. Empieza a ser tarde, y la hora de salir se acerca. Mañana, más.
Una canción: Derroche (Ana Belen)
El finde he visto: Harry Potter y el prisionero de Azkaban y Al otro lado de la cama.
Te escribo esta postal desde el instituto donde estoy en el curso, más de la mitad de las horas del día entre clases, descanso, idas y venidas. Las clases son bastante peñazo. Como ocurre con casi todas las cosas que son divertidas cuando las teorizas pierden el encanto y se convierten en algo insufrible. Imagino que el hecho de llevar tanto tiempo sin estar en clase influirá bastante.
Es una pena el calor que hace, y que sean clases con poca ventilación, enseguida empiezo a sudar y si le unimos que nos movemos mucho entre las clases prácticas y las pachanguitas de los recreos, uno cuando llega las seis ha sido abandonado por el desodorante, por Rita la cantaora, y por una mosca que pasaba por allí.
A mis compañeros, en su mayoría jugadores aún en edad junior, muchos con granos todavía, algunos que no saben que Charly (Sainz de Aja) es campeón del mundo, algunos que buscan parejita, y otras como la profesora de Ciencias del Comportamiento (a.k.a. Psicología o Ciencias del Coñazo) a enseñarnos las bragas de colores.
Querido blog, me aburro soberanamente, las horas pasan lentamente, y si no fuera por el buen rollo estaría a punto de saltar por la ventana. Al menos, me doy cuenta de que se más baloncesto del que pensaba, que algunos problemas que tuve con mis chicos durante el año los solucione de la forma correcta, y que en otros me equivoque, pero espero que no se vuelvan a repetir.
Hace un momento entre huesos y musculos, (sabías querido blog, que el músculo más largo del cuerpo es el gluteo) me encontré una vez más con el balón en las manos, mirando el reloj y ahí quedaban otra vez esos tres segundos. Bote. Dí un paso y tiré.
Esa sensación, el tacto del balón, el equipo... todo eso que hace divertido y excitante el baloncesto, no hace falta teorizarlo, aunque como decía Cruz y Raya, si hay que hacerlo se hace, pero hacerlo pa´ na....
Querido blog, te dejo. Empieza a ser tarde, y la hora de salir se acerca. Mañana, más.
Una canción: Derroche (Ana Belen)
El finde he visto: Harry Potter y el prisionero de Azkaban y Al otro lado de la cama.
domingo, junio 20, 2004
40 años
En este finde apretado, en el que sólo hay baloncesto y baloncesto, me quedan siete días de curso a diez horas diarías, las cosas que ocurren a mi alrededor no dejan de tener vocabulario deportivo. Asi, lo que ocurre a mi alrededor es algo que tengo que vigilar con la visión marginal, ir de sitio en sitio distribución de espacios, intercambio de posiciones y reemplazar.
Lo más importante de este finde posiblemente, más allá del torneo del cole, el final de temporada, (Little Bob llevaba tiempo esperando este momento) y de que mis padres me dejaran casi solo en casa. La gran noticia era que mis padres cumplían 40 años de casados. Con dos cojones.
Me vuelvo a las clases, al baloncesto, y a las diez horas en el instituto.
Una canción: Noches de boda (Joaquin Sabina)
Lo más importante de este finde posiblemente, más allá del torneo del cole, el final de temporada, (Little Bob llevaba tiempo esperando este momento) y de que mis padres me dejaran casi solo en casa. La gran noticia era que mis padres cumplían 40 años de casados. Con dos cojones.
Me vuelvo a las clases, al baloncesto, y a las diez horas en el instituto.
Una canción: Noches de boda (Joaquin Sabina)
viernes, junio 18, 2004
Las cinco del viernes
Ando casí en capilla, antes de irme al curso de entrenador de baloncesto, un modo como otro cualquiera de aprovechar el tiempo que nos han dado a vivir (Gandalf Rulez). En estos diez días estaré casi internado con el curso así que pocas opciones de postear tendré, aunque escribiré cuando pueda.
1) Si tuvieras que diseñar tu propio infierno, ¿cómo sería?
Con mucho calor, muchas ascuas, gente torturada, un diablo de verdad aprovechando cada error de los hombres para apropiarse de su alma e intentando hacerse con el control del mundo. (Sí, es un infierno muy común, pero sería mi infierno no. Para el infierno de todos ya esta la perra vida)
2) ¿Y tu paraíso?
Una isla con tres cosas, unas pistas polideportivas, un garito donde tomar copas, escuchar música y un montón de mesas donde jugar al rol, una biblioteca y un cine.
3) ¿Qué color crees que te representa mejor?¿Por qué?
Mi color favorito es el amarillo. ¿Que me representa? No tengo ni idea.
3) ¿Cómo y dónde aprendiste a amar?
Eso no se aprende, se lleva dentro, y se da y se ofrece a quien lo merece.
4) ¿Qué experiencia te ha vuelto mas vulnerable?
No sé. Quedarte sin trabajo, que te deje la novia, no sabría quedarme con una que me haga vulnerable, todas las experiencias te endurecen y te hacen vulnerable de un modo u otro. Sólo es cuestión de como quieras enfocarlas.
Una canción: Eldorado (Revolver)
1) Si tuvieras que diseñar tu propio infierno, ¿cómo sería?
Con mucho calor, muchas ascuas, gente torturada, un diablo de verdad aprovechando cada error de los hombres para apropiarse de su alma e intentando hacerse con el control del mundo. (Sí, es un infierno muy común, pero sería mi infierno no. Para el infierno de todos ya esta la perra vida)
2) ¿Y tu paraíso?
Una isla con tres cosas, unas pistas polideportivas, un garito donde tomar copas, escuchar música y un montón de mesas donde jugar al rol, una biblioteca y un cine.
3) ¿Qué color crees que te representa mejor?¿Por qué?
Mi color favorito es el amarillo. ¿Que me representa? No tengo ni idea.
3) ¿Cómo y dónde aprendiste a amar?
Eso no se aprende, se lleva dentro, y se da y se ofrece a quien lo merece.
4) ¿Qué experiencia te ha vuelto mas vulnerable?
No sé. Quedarte sin trabajo, que te deje la novia, no sabría quedarme con una que me haga vulnerable, todas las experiencias te endurecen y te hacen vulnerable de un modo u otro. Sólo es cuestión de como quieras enfocarlas.
Una canción: Eldorado (Revolver)
jueves, junio 17, 2004
Los lloricas
Estoy harto de los lloricas. La gente que se dedica por costumbre a llorar, a quejarse de lo perra que es la vida, de la mala suerte que les acecha y se ceba con ellos, de la suerte que tienes por dedicarte a lo que te gusta, de tener una novia guapa e inteligente, el que tenga, y de como ellos no tienen nada más que su dolor y un montón de deudas.
Se puede llorar, por mil motivos, por los problemas, por ser más sensible que el resto, se puede llorar e inundar de lagrimas tu sendero. Pero no concibo llorar para que los demás solucionen tus problemas, ni echarle la culpa a una suerte que buena o mala siempre está a la vuelta de la esquina esperando que vayas a buscarla, con un beso en los labios, o el puñal entre los dientes.
No soporto que se quejen, de mil dolores, ay, mirame pobre de mí que me he roto una uña, de su mal de amores, ninguna me quiere, todas me odían, y que no sean capaces de hacer más que compadecerse de sus lastimeras protestas.
Para ellos, que cada revés es un mundo, que cada resbalón es una perdida insalvable, para ellos, el mundo es una conspiración judeomasónica, con todo el respeto que merecen los judeomasones, cuyo unico objetivo es convertirlos en la nada.
Y ahí estás tú, aguantando estoicamente sus protestas, sus quejas, sin abrir nunca la boca y sin decir aqui estoy yo, pensando que cada obstaculo es un buen momento para aprender algo, que las piedras del camino lo mejor que puedes hacer con ellas es cogerlas y tirarlas fuera del camino para que nadie más tropiece.
Y ahí sigues, pensando todo eso, que los problemas ayudan a mejorar y a superarse, y que siempre habrá algo más importante por lo que llorar, incluso para mí que soy de lagrima fácil. Hasta que un día llega un hijo de puta (si hijo de puta, con todas las letras y el de, que como dice Perez Reverte hijoputas hay muchos y ya es hasta cariñoso, pero hijos de puta, de esos con la i y la j lentos y la p muy sonora, casi explosiva hay pocos muy pocos), llega un hijo de puta, y te dice que la vida para tí siempre ha sido muy fácil, y que suerte que suspendieras el primer examen de conducir, porque así veras lo difícil que es la vida, y lo duro que hay que trabajar para conseguir las cosas.
Y uno que aunque pacífico y tranquilo, desearía tener un AK47 y abrirle la tapa de los sesos por eso, por hijo de puta. Es en ese momento, cuando le habría partido la cabeza, para que viera que aún se puede tener más dificil, pero en uno de esos extraños momentos de lucidez, pensé que pobrecito, que bastante tiene con saber que morira ahogado en sus propios llantos y en sus bilis. Si al final su médico estaba equivocado, estaba enfermo, muy enfermo, y moriría de lo que tenía, de rabia, de envidia y de llorón.
Una canción: Mi rendición (Revolver)
Se puede llorar, por mil motivos, por los problemas, por ser más sensible que el resto, se puede llorar e inundar de lagrimas tu sendero. Pero no concibo llorar para que los demás solucionen tus problemas, ni echarle la culpa a una suerte que buena o mala siempre está a la vuelta de la esquina esperando que vayas a buscarla, con un beso en los labios, o el puñal entre los dientes.
No soporto que se quejen, de mil dolores, ay, mirame pobre de mí que me he roto una uña, de su mal de amores, ninguna me quiere, todas me odían, y que no sean capaces de hacer más que compadecerse de sus lastimeras protestas.
Para ellos, que cada revés es un mundo, que cada resbalón es una perdida insalvable, para ellos, el mundo es una conspiración judeomasónica, con todo el respeto que merecen los judeomasones, cuyo unico objetivo es convertirlos en la nada.
Y ahí estás tú, aguantando estoicamente sus protestas, sus quejas, sin abrir nunca la boca y sin decir aqui estoy yo, pensando que cada obstaculo es un buen momento para aprender algo, que las piedras del camino lo mejor que puedes hacer con ellas es cogerlas y tirarlas fuera del camino para que nadie más tropiece.
Y ahí sigues, pensando todo eso, que los problemas ayudan a mejorar y a superarse, y que siempre habrá algo más importante por lo que llorar, incluso para mí que soy de lagrima fácil. Hasta que un día llega un hijo de puta (si hijo de puta, con todas las letras y el de, que como dice Perez Reverte hijoputas hay muchos y ya es hasta cariñoso, pero hijos de puta, de esos con la i y la j lentos y la p muy sonora, casi explosiva hay pocos muy pocos), llega un hijo de puta, y te dice que la vida para tí siempre ha sido muy fácil, y que suerte que suspendieras el primer examen de conducir, porque así veras lo difícil que es la vida, y lo duro que hay que trabajar para conseguir las cosas.
Y uno que aunque pacífico y tranquilo, desearía tener un AK47 y abrirle la tapa de los sesos por eso, por hijo de puta. Es en ese momento, cuando le habría partido la cabeza, para que viera que aún se puede tener más dificil, pero en uno de esos extraños momentos de lucidez, pensé que pobrecito, que bastante tiene con saber que morira ahogado en sus propios llantos y en sus bilis. Si al final su médico estaba equivocado, estaba enfermo, muy enfermo, y moriría de lo que tenía, de rabia, de envidia y de llorón.
Una canción: Mi rendición (Revolver)
martes, junio 15, 2004
Heroes del infierno
Decían en la película que estuve viendo anoche, La novena puerta, basada en El Club Dumas de Arturo Perez Reverte, que incluso el infierno tienen heroes. Y supongo que hasta mejores que los nuestros. No he estado en el infierno, ni ganas, ni falta que hace, pero seguro que a ellos no les basta con salvar a la dulce dama ni liberar al mundo, o a lo mejor sí, que últimamente, ya no sé si soy yo el que está equivocado, o es el mundo que simplemente se empeña en llevarme la contraria.
Esta tarde que entre ronquidos de mis señores padres y los programas rosas he tenido que marcharme de casa porque no oía la música de mi ordenador, me he marchado al bus, a leer, a seguir devorando Patente de Corso, tambíen de Perez Reverte, y a llevarme donde quisiera el primer bus que llegase.
El bus me ha querido llevar a la Plaza Mayor, a esa hora en que mi madre me sacaba del colegio y me llevaba a por lana a la calle Atocha, a dar vueltas por la Plaza de Jacinto Benavente rumbo a Almacenes Arias, los mismos que se quemaran en un incendio, o a por hierbas a El Reco, Maurice Messegé o como se llamará el pavo que por su puñetera culpa me dejaba sin ver a Espinete o Yupi, lo que hubiera en ese momento. No todo era tan malo, que me quedaba sin Yupi, pero mi madre siempre me recompensaba con un chocolate con porras, que tampoco era plan de estar toda la tarde sin merendar.
Hacía allí me ha llevado el bus, atravesando un Madrid distinto en apariencia, pero igual en esencia, con ese azul del cielo sobrevolando el Manzanares, en la frontera que separa la ciudad de las guías, de las postales, de la boda del principito; del Madrid real, el Madrid obrero, el que trabaja de día y sueña de noche con momentos mejores y con pagar la hipóteca.
Decía, que a ese Madrid igual en esencia, el del cielo azul, el del olor a bocadillo de calamares, el de los guiris paseando por la Plaza Mayor con bermudas ellos y en bikini ellas, es al que me llevó el bus. De allí, ya a pie, rumbo a Tirso de Molina, con sus tenderetes, con su diversidad cultural, de subida a la Plaza de Jacinto Benavente, espacio diáfono en Madrid, punto de paso para Arte 9 y la visita al vicio, que subir al centro de Madrid y no ver tienda es casi un sacrilegio.
De esta plaza un pequeño paseo hasta Santa Ana, el Teatro Español, la calle Huertas, el barrio de las Letras. Callejas pequeñas, de extraña mezcolanza de edificios nuevos y palacios antiguos, casi todos propiedad de la Iglesia, y rincones con historia y con sabor.
Lugares por los que Quevedo, que vivió en la zona durante muchos años, forjaría su personalidad, esa que le llevaría a pegarse con reyes y a servirles, para obtener despues de una vida entre dos tierras, las del amor y la amistad por un lado, y la del odio por otro, un exilio y un adios muy buenas, que de haberlo sabido seguro que hubiese preferido morir matanda, y que cojones, si no queda otra, no queda sino batirnos, que diría a su amigo Alatriste.
Deshacer lo andado, cuando las piernas y el corazón deciden volver, retomar Huertas en una imagen distinta a la habitual, o sea con más luz, y menos copas encima, o era subiendo Lope de Vega, bueno da igual, llegar otra vez a Santa Ana, recorrer la plaza con la vista, encontrando chorizos, lumis, y guiris en las terrazas, recordando las palabras de años antes, ten cuidado hijo, no te sueltes que aqui hay mucha gente mala.
Y suelto, recorrer la plaza, hacía Benavente, donde hay más chorizos, más lumis, y algún mendigo a lo suyo, con su pan, su chorizo y vino, con sus historias calladas, historias que seguro que hablan de droga, de miseria.
Y una vez que dejas atrás la plaza, esperando el bus de vuelta, no puedes dejar de pensar en que cojones, incluso en el infierno tienen heroes.
Una canción: Hero (Mariah Carey)
Una película: La novena puerta
Esta tarde que entre ronquidos de mis señores padres y los programas rosas he tenido que marcharme de casa porque no oía la música de mi ordenador, me he marchado al bus, a leer, a seguir devorando Patente de Corso, tambíen de Perez Reverte, y a llevarme donde quisiera el primer bus que llegase.
El bus me ha querido llevar a la Plaza Mayor, a esa hora en que mi madre me sacaba del colegio y me llevaba a por lana a la calle Atocha, a dar vueltas por la Plaza de Jacinto Benavente rumbo a Almacenes Arias, los mismos que se quemaran en un incendio, o a por hierbas a El Reco, Maurice Messegé o como se llamará el pavo que por su puñetera culpa me dejaba sin ver a Espinete o Yupi, lo que hubiera en ese momento. No todo era tan malo, que me quedaba sin Yupi, pero mi madre siempre me recompensaba con un chocolate con porras, que tampoco era plan de estar toda la tarde sin merendar.
Hacía allí me ha llevado el bus, atravesando un Madrid distinto en apariencia, pero igual en esencia, con ese azul del cielo sobrevolando el Manzanares, en la frontera que separa la ciudad de las guías, de las postales, de la boda del principito; del Madrid real, el Madrid obrero, el que trabaja de día y sueña de noche con momentos mejores y con pagar la hipóteca.
Decía, que a ese Madrid igual en esencia, el del cielo azul, el del olor a bocadillo de calamares, el de los guiris paseando por la Plaza Mayor con bermudas ellos y en bikini ellas, es al que me llevó el bus. De allí, ya a pie, rumbo a Tirso de Molina, con sus tenderetes, con su diversidad cultural, de subida a la Plaza de Jacinto Benavente, espacio diáfono en Madrid, punto de paso para Arte 9 y la visita al vicio, que subir al centro de Madrid y no ver tienda es casi un sacrilegio.
De esta plaza un pequeño paseo hasta Santa Ana, el Teatro Español, la calle Huertas, el barrio de las Letras. Callejas pequeñas, de extraña mezcolanza de edificios nuevos y palacios antiguos, casi todos propiedad de la Iglesia, y rincones con historia y con sabor.
Lugares por los que Quevedo, que vivió en la zona durante muchos años, forjaría su personalidad, esa que le llevaría a pegarse con reyes y a servirles, para obtener despues de una vida entre dos tierras, las del amor y la amistad por un lado, y la del odio por otro, un exilio y un adios muy buenas, que de haberlo sabido seguro que hubiese preferido morir matanda, y que cojones, si no queda otra, no queda sino batirnos, que diría a su amigo Alatriste.
Deshacer lo andado, cuando las piernas y el corazón deciden volver, retomar Huertas en una imagen distinta a la habitual, o sea con más luz, y menos copas encima, o era subiendo Lope de Vega, bueno da igual, llegar otra vez a Santa Ana, recorrer la plaza con la vista, encontrando chorizos, lumis, y guiris en las terrazas, recordando las palabras de años antes, ten cuidado hijo, no te sueltes que aqui hay mucha gente mala.
Y suelto, recorrer la plaza, hacía Benavente, donde hay más chorizos, más lumis, y algún mendigo a lo suyo, con su pan, su chorizo y vino, con sus historias calladas, historias que seguro que hablan de droga, de miseria.
Y una vez que dejas atrás la plaza, esperando el bus de vuelta, no puedes dejar de pensar en que cojones, incluso en el infierno tienen heroes.
Una canción: Hero (Mariah Carey)
Una película: La novena puerta