jueves, marzo 11, 2004

[Silencio]

Madrid era hoy la ciudad más triste. Más triste aún de lo normal. Esa es la gran pega de las grandes ciudades. La gente es menos gente. Las personas son circunstancias que te encuentras por la calle en la mejor de las ocasiones. A veces te encuentras una sonrisa, un guiño, o unas palabras de animo/simpatía/alegría, pero lo habitual es que en Madrid te lleves un codazo, un golpe o un improperio. Pese a todo eso Madrid me encanta, tiene todo lo que quiero salvo el mar.



Pero hoy era distinto. Hoy había algo en el aire que mostraba algo que no era normal. En Princesa, en Gran Vía no había casi gente. Como si se intentase emular la escena de Abre los ojos, las calles del centro estaban desiertas. Poca gente paseaba. Nadie miraba escaparates. Iban, o venían sin rumbo.

Hoy algo era distinto.

Hoy te cruzabas con alguien, y te miraban. Te miraban a los ojos y te hablaban en silencio. Tras esos ojos llorosos, todos buscabamos respuestas, un porqué, la necesidad de comprender y la angustía de buscar un consuelo.

Hoy era distinto. En una ciudad donde sólo existe el yo, hemos aprendido que existen los demás. Que podemos hacer cosas por los demás. Más de mil personas en Plaza de Castilla para donar sangre, otras tantas en Sol, en todos los sitios donde se podía donar allí había una fila inmensa de gente. ¿Qué ocurrira cuando vuelva a faltar sangre?

Hoy los madrileños hemos aprendido lo que es la solidaridad. Que no estamos solos y que hay gente dispuesta a hacer cosas por los demás. Aunque sea un simple mail para saber como estás. En una de las listas de correo entre todos han ido llamando uno por uno a todos los madrileños, y sólo nos falta uno por localizar. A la mayoría no los conozco en persona, y la mayoría de ellos tampoco me conocen a mí. Somos sólo un encabezado en los mails y una firma. Tres me han llamado. A uno lo conozco de cuatro días. A otro sabemos quienes somos, pero no hemos hablado nunca. Al final, me quedo con lo que decía uno. Yo tambien soy madrileño, hoy.

Hoy he llorado. De rabía, de impotencia, de incomprensión. Cuando me calmaba una historia nueva me hacía llorar de nuevo. No son muertos, son historias. Una familia, unos hobbies, unas ilusiones truncadas de pleno... Y sinceramente, me parece un numero poco elevado. Los que hayaís ido en un vagón a esas horas sabréis que pueden entrar en un vagón 200 ó 300 personas. Me parecen pocos, eso o la gente es mucho más resistente de lo que creía. Aunque, a lo de la resistencia es algo que debería estar acostumbrado. La gente sobrevive y sale adelante en las circunstancias más adversas. Seguir viviendo adoptandose a las circunstancias. Resistir...

Hoy hemos sabido lo que sintieron los americanos. Los mismos americanos de las Torres, de los aviones y los chistes. Me estoy acordando ahora de un mail que circulaba por Internet las fechas posteriores al 11-S. Decía algo así como que un comando de terroristas de Al Quaeda venía a Madrid a perpetrar un atentado. Probaban en Barajas, pero el avión llegaba con retraso. Probaban con Renfe y había huelga de Cercanias. Al final tras sufrir mil desgracias, las mismas que sufriamos los madrileños, regresaban a su base de Bora Bora.

Hoy voy a intentar dormir, aunque sigo sin saber que hay en el aire que no es normal. Demasiado silencio. Demasiados llantos. Como dice Ari en los comentarios del post anterior Hoy he visto cosas que jamas podré quitar de mis pesadillas.

"Nadie es una isla completo en si mismo; cada hombre es un pedazo del continente,una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas.
Doblan por tí." John Donne

Una canción: Sólo silencio.