martes, diciembre 23, 2003

Los cinco retos del viernes pasado.

Con mucho retraso, aqui teneís las cinco del viernes pasado, que no son preguntas sino un reto de continuar unas frases.

1) Érase una vez un pequeño caballito de cristal perdido en la estrechez de una estanteria de metacrilato frente a un televisor. De vez en cuando veía imágenes de otros caballos, muy diferentes a él. Opacos, grandes voluminosos, capaces de hacer grandes proezas, salvar a gente, saltar unos obstaculos. Esos, de su misma especie, tan parecidos, pero a la vez tan desiguales. Por las noches soñaba con que sus piernas despertaban y podía saltar y cometer las mismas heroicidades que los equinos de la tele. Una mañana sus piernas respondieron a su llamada. Y trotó, galopó estantería arriba, estanteria abajo. Corría y saltaba como en sus sueños, decidió probar con nuevos obstaculos y salvar la distancia que separaba su estanteria de un pequeño mueble. Hacía allí saltó sin la fuerza suficiente y sus sueños se hicieron añicos como el cristal.
2) La puso sobre la cama y muy lentamente la sacó de su funda. Una Fender Estatocaster encordada para un zurdo. Un genio negro como Jimmy Hendrix, sólo él podría sacar notas tan melodiosas y ritmos tan endiablados. Cuanta historía perdida entre seis cuerdas.
3) No me lo podía creer, aquel helado de chocolate me traía recuerdos de otros tiempos, cuando de niño escapaba con mis amigos a tomar helados al puesto de la esquina, despues de estar en el parque horas y horas, bajo los rayos de un sol abrasador, metiéndonos prisa para acabar con el helado o lo haría él por nosotros. El mismo sabor, y el mismo lugar, pero muchos años después, con las excavadoras a punto de destrozar el parque donde escondí el cofre del tesoro para construir oficinas de una inmobiliaria. Tomaba el helado, y el sol desapareció tras las nubes, no sé si para dejarme disfrutar del helado tantos años después, o para no ver lo que le estaba haciendo al parque.
4) La mirada de aquella niña evocaba tantas cosas. Misterios, pena, lastima, la alegría arrancada a jirones por una guerra en la que ella no era ni juez ni parte, sólo damnificada. Allí estaba ella, sentada en un banco de la estación, con aquellas ropas grises, impersonales como las de los miles de personas que andaban allí, jugando con unos trapos mal cosidos, a los que ella llamaba Osito, y que se convirtieron de golpe y porrazo en juguete, amigo y unica compañia. Pero aún así, y aunque su aspecto declaraba las penurias que pasaba, lo hambrienta que podía llegar a estar, su mirada aún tenía ese brillo de quien todavía tiene la capacidad de soñar que existen mundos mejores.
5) Si por lo menos alguien quisiera escucharme comprenderían lo difícil que es ser un zurdo en un mundo de diestros, lo duro que es para un niño no poder jugar, la tristeza de una primavera sin flores... Si alguien quisiera escucharme, dejaría de ser mudo.

Una canción: Fotografia (Juanes)