jueves, mayo 27, 2004

Como un bolero

Si de tí algo aprendí fue a querer sin remedio, sin principio y sin fin. Que el amanecer era el momento de tu despertar, a mi lado, mientras recorria con mis dedos tu piel desnuda, y que la oscuridad llegaba cuando tus preciosos ojos marrones se cerraban.

Si hay algo que se seguro es que nunca te quise tanto como despues de saber que no podía tenerte en mis brazos, cuando nunca más podría escuchar un te quiero de tus labios, ni tus ojos pidiendo un beso más, sólo uno... Ironias del destino, añorar las cosas que tuvimos y dejamos marchar.

Si ahora sé que fue lo mejor fue porque despues hubo otras, con las que repetir lo vivido, otras sin cuya presencia no podría seguir viviendo, pero de las que alejarme era la mejor medicina. Recordar para poder sobrevivir, encerrado en tus recuerdos sin dar ninguna posibilidad de victoria a las que llegaron despues de tí, atrapadas en la comparación de tus ojos y tus gestos.

Si alguna vez ganaron en esa batalla de la realidad, todo se estropeaba en mis sueños, donde volviamos a encontrarnos y volvías a ser el centro de atención, y todas sus victorias se convertian en derrotas, en ilusiones destrozadas por una mentira, la mentira de tu presencia en mis sueños.

Si el paso del tiempo me regaló algo, no fue más que la perspectiva. La posibilidad de pasear una y mil veces por aquel banco, por esas callejas, donde nos besaramos las primeras veces, desde donde planearamos tiempos félices... ¿te acuerdas? esos besos perdidos, casi robados, tan intensos. No, seguro que no. Que ni te acuerdas... que no son para tí más que algun comentario alegre con tus amigas, o ni eso. Igual no tengo ni espacio en tu memoria.

Si has podido olvidar mejor para tí. Yo te guardé dentro, tan adentro que no puedo dejarte escapar, y así estoy, sufriendo tu condena, visitando cada día ese mismo banco, como prometes cada noche en mis sueños, o en mis pesadillas, que ya no sé ni que son...

Si en todo este tiempo, veinte años y parece que fue ayer, no has aparecido porque irías a hacerlo hoy, o mañana. No tendría sentido que aparecieras, que volvieras para dar calor a mis noches, para encender las estrellas... Y en cambio allí estas, sentada echando migas de pan a las palomas, migajas que ni siquiera quisiste darme a mí.

Sí, te he echado tanto de menos, esperandote pacientemente en ese banco, sentado, mirando a esas mismas palomas a las que das de comer. Te eché de menos, tu sonrisa, tus gestos, tan grabados a fuego en mi corazón que ahora que puedo observarte no los reconozco.

Sí, pasé a tu lado, y ni siquiera me reconociste. Ni respondiste a ese alborozado ¡Hola! que dije al acercarme a tí. No importa. Mañana volveré a pasar por este parque, daré marcha atras al tiempo y volveremos a encontrarnos, y a lo mejor me mirarás. O a lo mejor me reconocerás. O lo más seguro que sigas sin recordar quien soy, aquel que vivía de tus caricias, aquel que no hacía más que pensar en tí.

Una canción: Historia de un amor (Pedro Infante)